¿Quién eres tú? -preguntó un niño que jugaba con unas canicas, al ver pasar a un anciano de barba blanca.
No lo sé. Ya me gustaría. ¿Y tú? -respondió el viejo.
Soy Pedrito, un niño, ¿es que eres ciego? -repreguntó el niño.
Soy capaz de ver con mis ojos, pero ellos pueden engañarme, tú podrías ser un diablillo con forma de niño, o quizás un ángel caído, o un elfo.
No entiendo lo que me dices, con todas esas palabras, yo soy solo un niño, y tú eres muy mayor para no ver que eso y nada más que eso es lo que soy -le respondió al anciano, verdaderamente enfadado por las necias palabras que le decía.
Sí, llevas razón, yo antes era capaz de ver las cosas como realmente parecía que eran, pero ahora ya dudo y veo lo que es y lo que no parece que sea, aunque puede que esto sea lo que en verdad es.
¿Y desde cuándo te ocurre eso?
Desde que sé más de lo que nunca creí que podría ignorar.
Ya te voy comprendiendo -dijo el niño al tiempo que le crecían unos cuernos de cabra y el cuerpo se le cubría de pelo negro.
Ahora sé que he alcanzado la sabiduría plena para la tarea que se me encomendó -dijo el anciano al tiempo que aquel diablo le arrancaba el corazón.
martes, 27 de mayo de 2014
El niño
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Pues tienes toda la razón. Las apariencias engañan y más sabe el diablo por viejo que por diablo.
ResponderEliminar