Apnea
Encerrado entre aquellas cuatro paredes, amarrado a una máquina infernal diseñada por la mente más perversa que en la Tierra hubo nunca, pero disfrazada de benefactora de la raza humana por haber creado aquellos monstruos de circuitos integrados, microchips, software y hardware, que habían esclavizado a media humanidad para permitir que otra media anduviese como abducida por el mundo, absortos en la contemplación de minúsculas pantallas y abstraídos del gran escenario del mundo real, y sumidos en conversaciones con seres cibernéticos, posiblemente inexistentes más allá de los cerebros virtuales de aquellos entes quiméricos, mitad demonios, mitad sueños, que ocupaban las vidas de los humanos, sumiéndolos en realidades virtuales ora felices ora desgraciadas, en función de las codificaciones y decodificaciones de unos lenguajes binarios absurdos para la razón humana.
Y sin embargo a Iphonio, aquel ser que lo mataba, a la vez le daba la vida; lo arrancaba de aquella existencia infame transmitida por sus sentidos y que le asfixiaba el alma, y lo transportaba a mundos alicíacos de mil cuevas y montañas mágicas, de aventuras, de felicidad y desgracias, vividas con pasión y con sabores a existencias paralelas. Fuera de aquella abominable oficina en la que los e-mails, correos de papel, o de electrones traducidos a lenguajes binarios transmutados en palabras vacuas, en expedientes absurdos para su existencia, fruto de exigencias surgidas de convencionalismos que cohesionaban artificialmente un tejido social inexistente, para una mente como la suya.
Urgido por la maldición divina de ganar el pan con la secreción de las glándulas sudoríparas de la zona frontal de su cráneo, cobarde por no escapar de su miserable existencia, o quizás valiente por afrontarla, ahora se sentía incapaz de continuar con aquella farsa, que además tenía los días contados, en función de las mutaciones que aún fuesen capaces de hacer sus células con dignidad suficiente como para seguir llamándose tales, o al menos para poder continuar realizando las funciones que justifican sus miserables existencias, en el conjunto del ser que conforma el organismo humano, que a fin de cuentas solo sirve como soporte de la mente, y quizás del alma; aunque cuando esto pensaba más lo dudaba, porque si el alma podía ser independiente del cuerpo, ¿para qué debía a estar sujeta a él aunque fuese por tiempo limitado?, tantos misterios había a su alrededor que no comprendía, que uno más no iba a decantar la balanza de su capacidad de desentrañar los arcanos del mundo que le rodeaba y el otro, el inexistente para los sentidos, el que esperaba más allá del umbral de la muerte según decían unos, o el que se hallaba en otra de las dimensiones que coexistían con esta en las que nos hallábamos, que decían otros.
Pero cuando el teléfono sonaba y alguien preguntaba por el asunto que le concernía apremiándole de cómo iba lo suyo, a Iphonio se le caía el alma a los pies, y comprendía que ni todo el oro del mundo justificaba que hubiera de pasar por todo aquello, y a veces rogaba, pedía, suplicaba a Dios o a cualquiera que tuviese la llave de los planos, que lo pasara a otro, a una dimensión diferente, o al definitivo; pero que al menos lo liberase de la esclavitud de la vida diaria de sus cuatro paredes y techo, que no era de estrellas precisamente; sino de escayola salpicada de plafones de luz que arrojaban falsos rayos enlatados de sol, que permitían la nítida visión de la nada, que proyectaban los haces de electrones en aquellas pantallas de los monstruos cibernéticos.
Y cuando todo parecía en su vida irremisiblemente perdido, cuando la desesperación del absurdo amenazaba con anular los últimos destellos de esperanza en recobrar un ser digo de segluir siéndolo, los dioses o quizás simplemente él mismo, iluminaron su mente concediéndole la lucidez del destello iniciatico de los seres mitológicos, y transmutado en simple corriente de electrones con conciencia de seguir siendo, penetró por la demoníaca red cibernética y convertido en antimateria, desafiando las leyes de la fisica viajó como un ente imposible a contracorriente por aquella red de redes, y en un yoctosegundo alcanzó conciencia universal de todo el conocimiento alojado en aquel agujero negro en el que se había convertido internet, y sintió lo que la humanidad entera compartía a través de las redes sociales, y vio todas las transacciones comerciales, financieras, de todo el saber, la creación; y el odio, el bien y el mal del ser humano, viajando a la velocidad de la luz, en convoyes de tamaño infinito, todo lo que la humanidad deseaba, creaba, destruía amaba u odiaba allí estaba, y el lo sintió como si fuese parte de su ser, tuvo consciencia de ser todo, pero en ese iniciatico viaje no vio a Dios, ni siquiera tuvo el contacto con una simple flor.
lunes, 5 de mayo de 2014
Apnea
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