Cadáveres amontonados, carcasas vacías de vídas ya olvidadas,
cuerpos cercenados por aprendices de brujo de bata blanca.
En un lúgubre sótano de un templo de la enseñanza, modernas catacumbas se hallan atestadas de muertos sin añoranzas.
Nadie les lleva flores, nadie al pie de la tumba les reza una plegaria.
En un sótano de la Ciudad Universitaria, se amontonan como escoria los cuerpos de aquellos, que una vez también tuvieron alma.
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