Aquella mañana del 1 de mayo de 2014 sería recordaba en todo el mundo por algo más que por la celebración del día del trabajo, que un desgraciado hecho ocurrido en Chicago más de cien años atrás, diese pie a que se escogiera la fecha como efeméride reivindicativa del valor del sudor de los trabajadores del mundo, de los del libre, porque los otros siempre lo habían sido, según sus próceres. Pues al despuntar el día en las tierras del este, allí donde del astro rey tenía a bien con el permiso del consenso de los creadores de los husos horarios hacer su presencia para inaugurar cada día la fecha que correspondiese en el calendario, y así el primer aviso se dio en Australia, cuando una cadena de televisión de Sydney dio la noticia de que la obra titulada "cabeza de un campesino con gorra" de Vincent Van Gogh había desaparecido de la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, donde hasta la noche anterior se exponía. La noticia no dio tiempo a que fuese digerida, pues en cadena las agencias de noticias, anunciaron desapariciones de obras del mismo pintor en los museos de Melbourne y Perth en la misma Australia, y horas más tarde se fueron extendiendo como reguero de pólvora las desapariciones de obras del mismo autor y fueron confirmadas en museos como el Central Museum de Utrech, el Gemäldegalerie Neue meister de Dresde, el Museo del Ermitage de San Petersburgo, el Museo Pushkin de Moscú el Musée d Orsay de París; la National Gallery de Londres; el National Museum de Estocolmo; la National Gallery de Escocia; y las 200 pinturas y 400 dibujos del Rijksmuseum Van Gogh de Amsterdam; además alertados los museos americanos y aún en plena noche, se constató la desaparición de todas las obras del pintor existentes en los museos americanos del MOMA y Guggenhein Museum de Nueva York y el Armand Hammer Musseum of Art de Los Ángeles, y así hasta completar la lista de los 189 museos que poseían obras de Van Gogh, y después, alertados los coleccionistas privados, denunciaron la desaparición de un número incontable de obras del genial pintor; aunque inexplicablemente hubo algunas, demasiadas quizás, que no desaparecieron y esto desde el principio dio que pensar a algunos.
El desconcierto y la estupefacción en el mundo del arte y en la sociedad misma fue absoluto, al punto que los gobiernos de todo el mundo alertaron a sus policías para que en el menor plazo posible pudiesen dar una explicación al fenómeno, pero una marea incontrolable de exigencias por parte de la opinión pública, obligó a la convocatoria de una reunión urgente de la Asamblea Plenaria de la ONU, pues los servicios de inteligencia de los países más desarrollados coincidieron que esto podía ser el preámbulo de un ataque terrorista a escala planetaria. La reunión en Nueva York fue un completo fracaso. Ni la CIA, el Mossad, el MI6, o el nuevo KGB tenían la menor idea de qué había ocurrido y quién estaba detrás de ello. Los expertos en arte, los directores de museos, los marchantes; ni siquiera las casas de subastas ni los peristas tenían pista ni sospecha alguna de qué es lo que había ocurrido. Solo que ya no quedaba en el mundo ninguna obra que hubiese sido firmada por Vincent Van Gogh, y las que quedaron fueron examinadas por los mejores expertos concluyendo que todas eran falsas, e incluso que algunas que habían colgado de las paredes de la más importantes museos, solo eran burdas imitaciones.
Y el pánico se apoderó del mundo, pues se extendió la idea lanzada por los servicios de inteligencia de que el ataque terrorista sería inminente.
A pesar de los esfuerzos conjuntos de todas las potencias mundiales, nada logro averiguarse ni tampoco hubo ningún ataque terrorista a escala global y el mundo continuó siendo un desastre como lo había sido antes del suceso. Todos se olvidaron de Van Gogh, y lo hicieron desaparecer hasta de los textos de historia de la pintura.
Veinte años más tarde en un sótano de una casa que iba a ser derribada, se hallaron más de cuatrocientos cuadros cubiertos de polvo en cajas que llevaban estampado un nombre: Galery d'art Theo V.G.
Un año después, en un antiguo establecimiento hostelero de una población cercana a París llamada Auvers- sur -Oisse, se hallaron junto a una herrumbrosa cama noventa oleos firmados por Vicent Van Gogh.
Y el mundo no salió de su asombro.
miércoles, 30 de abril de 2014
Van Gogh
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