El frio húmedo se colaba por los resquicios de las viejas ventanas de la destartalada cabaña y penetraba en el cuerpecito de Jimena como si un filo de espada se clavase en sus tiernas carnes, mientras el aullido de los lobos alteraba la quietud de la noche del páramo y alertaba a los perros de que los depredadores estaban acechando a sus presas que eran la razón de su existencia. Los rudos y fieles mastines habían sido entrenados durante generaciones, para dar incluso la vida, en su misión de proteger al ganado de aquellos ancestrales parientes suyos, tornados en enemigos íntimos por mor de la evolución de las especies. Y mientras, la quietud y la cálida protección del sueño de la niña, se vio turbado por los aterradores aullidos y por un repentino frio que le sacudió el cuerpo, y cuando abrió los ojos sombras chinescas de criaturas fantasmagóricas daban vueltas por las paredes de su habitación, y aterrada, con la voz atenazada por el pánico, y a pesar de que intentó gritar una y otra vez para pronunciar la palabra mamá, de su garganta no salió sonido alguno. Quiso ponerse en pie, correr, huir; pero se hallaba atrapada entre las pieles que cubrían su cama; y fue entonces cuando vio cómo las sombras se habían materializado en un lobo, luego en un segundo, y hasta en un tercero, y que con ojos de rubíes y dientes de alfanjes de marfil, se aproximaban a su cama con la calma que muestran las alimañas que tienen la confianza de la presa segura. Y Jimena tuvo la certeza de que iba a morir de una forma terrorífica: devorada por los lobos, sin que nadie pudiera socorrerla.
Recordó que su padre las había abandonado, a su madre y a ella, dejándolas solas a cargo de aquel aprisco de un lugar perdido en el páramo, sin más ayuda que la de sus perros; y también reparó en que su madre a veces salía por las noches al pueblo cercano, acompañada de algún hombre, casi nunca el mismo, y que de vez en cuando solía traerlos a casa, y aunque a ella esto le desagradaba profundamente, era demasiado pequeña para poder impedírselo. Y compendió que estaba sola y que moriría devorada por aquellas terribles bestias, sin que nadie pudiera socorrerla.
De pronto, sintió un malestar indescriptible junto con un insoportable olor a alcohol mezclado con tabaco, y a sudor rancio que surgía de las pieles que cubrían su cama, y del aliento de las alimañas, que ya estaban tan próximas a ella, que incluso podía percibir su denso calor dulzón. Y fue entonces cuando sintió un dolor lacerante en su entrepierna, que la penetraba hasta lo más profundo de sus entrañas, al tiempo que una fuerte opresión en la garganta le cortó la respiración.
Prácticamente al borde de la muerte, vio cómo los tres lobos se lanzaban hacia ella, y las pieles de su cama la atrapaban, inmovilizándola. Y en ese momento supremo, los tres mastines se abalanzaron sobre los lobos, y de una sola dentellada, cada uno de los perros partió el cuello del lobo que le correspondió en suerte, cayendo los cadáveres de las terribles fieras inanes al suelo de roble de la cabaña.
El equipo de la UVI móvil hizo heroicas maniobras de reanimación para devolver a la vida a Jimena, a la vez que trataban de contener la hemorragia que le había producido la terrible agresión sexual de aquellos tres malnacidos, que afortunadamente habían sido abatidos por tres certeros disparos de la policía, cuando intentaron defenderse de los agentes con sus armas de fuego.
Pero toda aquella intervención de los servicios de emergencia y de la policía, hubiera sido baldía, si no hubiera sido porque "Dolar", el perro de la raza American Stanforshire Terrier, propiedad de Jimena, no hubiera alertado a un pastor que dio el aviso a la policía, y después sacrificara su vida enfrentándose a los tres miserables que hubieron de utilizar sus armas, pero vendiendo cara su vida, e impidiendo que el segundo y el tercero de los miserables sayones pudieran seguir mancillando a Jimena, y esta, antes de perder la consciencia, se abrazó a su perro y susurrando a su oído, le señaló el camino de regreso a su estrella.
lunes, 28 de abril de 2014
Alimañas
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