lunes, 7 de julio de 2014

Perdido

No alcanzaba a comprender por qué razón no conseguía impulsar sus piernas con la fuerza suficiente para poder alcanzar aquella pelota que cruzó delante de él,  ni tampoco por qué le fue imposible subir hasta el tobogán del parque en el que solía disfrutar durante horas tirándose desde lo más alto; y aún menos, por qué no era capaz de sentarse en el columpio e impulsarse con el brío con el que solía hacerlo. Miró a un lado, a otro, arriba y abajo, y en ningún sitio vio a su madre ni a la tía Dolores, ni a su hermana pequeña, tampoco había ninguno de sus amigos: no estaba Tono, ni Pepu, ni Antonio o Juanito; sí había gente, mucha gente: niños, adultos y hasta ancianos, pero no conocía a ninguno; y ahora que reparaba en ello tampoco identificaba aquel parque; ni la calle por la que ahora caminaba; tampoco sabía por qué le costaba tanto andar, ni qué le causaba aquel jadeo permanente. Trató de cruzar la calle y alguien le cogió de un brazo y le dijo algo a gritos que no pudo entender. No sabía por qué se había enfadado con él, ni por qué le hablaba en una lengua que él no comprendía. Intentó correr pero no lo conseguía, y entonces pensó que quizás se hubiese convertido en un caracol, o pudiera ser que en una tortuga, así que decidió buscar un sitio verde porque seguramente ahora tendría que vivir en un lugar así. Y se preguntó qué comería un caracol… ¿y una tortuga? Pensó que tendría que decidirse entre uno u otra, porque si era caracol tendría que llevar la casa a cuestas, y a cambio tendría solucionado el problema del alojamiento; pero si era tortuga…, ah, pues también! ¡Al menos, fuese uno u otra,  de la casa no debería preocuparse!, pero sí de la comida ¿Y qué come un caracol?, pues no tenía ni idea, quizás las tortugas se alimentaran de insectos…,¡qué asco!, nunca le gustaron las moscas…,claro que si era tortuga no tendría más remedio, esperaría a tener hambre y entonces ya vería qué era lo que le apetecía. Y entonces sintió que estaba exhausto y que un cansancio extremo se apoderó de él, y no le extrañó; pues si era tortuga, a él le parecía que dormían mucho, de hecho creía que incluso hibernaban y se pasaban varios meses durmiendo, quizás ya fuese invierno y fuese a hibernar. Buscaría un lugar adecuado para eso, tendría que estar resguardado de la lluvia, del sol, del viento…, y de la nieve, eso podría matar a una tortuga que estuviese en hibernación. Anduvo un rato más con las fuerzas que le restaban, hasta que ya al límite de sus energías halló un lugar que le pareció perfecto y allí se tumbó.
De pronto, unos gritos acompañados de zarandeos, y a los que siguieron muchos abrazos lo despertaron. Alguien lo miraba con una cara asustada y con lágrimas en los ojos, y le decía a otra persona que llevaba una cruz roja en la ropa, algo así como que él era un abuelo tortuga y que tenía un nombre muy raro. Escuchó atentamente y pudo discernir que se llamaba algo así como tortuga Alzheimer. Luego, después ya no supo lo que ocurrió. Seguramente habría llegado la primavera y con ella el fin del letargo.

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