Aquellos días interminables de tedio, allí en aquel páramo baldío de la soledad del alma, con las ilusiones ya marchitas, y las esperanzas caidas del árbol que en otro tiempo estuvo plagado de ilusiones de vida. Alli en aquel lugar apartado y de silenciosa quietud, el creador de palabras buscaba en el baúl de sus recuerdos alguna frase, o algún verso que resucitase su mente creadora; pero todo resultaba inútil, ninguna idea, ni un verso; ni siquiera una frase que pudiera animarle a continuar escribiendo. Y se temió que quizás nunca volviese a ser capaz de crear nada nuevo.
Se vistió de forma elegante, cerró la casa y se dirigió a la estación y allí tomó el primer tren para la ciudad; no sabría decir por qué estaba haciendo aquello, seguramente que por puro aburrimiento, pues no era probable que en el bullicio de la ciudad hallase la inspiración que en la quietud de su casa de la campiña se le negaba.
El frenesí de vehículos y gente que transitaban por la calle en la que se ubicaba la Estación Central lo desconcertó; y fue entonces cuando reparó en que llevaba ya meses aislado en el campo, y por ello, sin duda ahora sufría los efectos de su aislamiento de las multitudes. Sintió que todo le daba vueltas, tal como si se hallase subido en un tiovivo de feria, y una sensación de miedo que pugnaba en transformarse en pánico lo invadió; y siendo consciente de ello buscó un lugar en el que refugiarse.
Justo a unos cincuenta metros de donde se hallaba, vio una librería, y sin pensárselo más aceleró el paso, refugiandose en el establecimiento.
Apoyado en un estante, trató de recuperar la compostura, respirando honda y pausadamente, hasta que un empleado se aproximó a él y se interesó por su estado de salud; pero él avergonzado por su absurda situación, se lo agradeció y dijo estar ya restablecido, y sobreponiéndose comenzó a fingir que examinaba los libros.
Realmente no estaba leyendo el título de ninguno de ellos, pues su mente estaba tratando de encontrar la forma de escapar de allí y regresar al refugio de su casa campestre.
Y entonces sucedió algo inexplicable, allí en una estantería había un título: "Tedio", y el autor...¡El autor se llamaba como él!, ¡qué casualidad!, nunca oyó a aquel escritor que compartía su mismo nombre, y que además reparó en la circunstancia de que aquella obra estaba resultando ser un best-seller. Realmente extraño -pensó-. Abrió el libro y leyó la sinopsis de la tapa, y ciertamente que el argumento le pareció original. Miró la contraportada y se quedó paralizado, no podía creer aquello que estaba viendo: allí aparecía la foto de él. "El autor era él". Pero eso no podía ser, si el había escrito aquel libro es que había perdido la memoria, y si no, ¿qué es lo que estaba ocurriendo?
Cogió el libro, lo guardó bajo su abrigo y abandonó la librería huyendo a la carrera, al tiempo que un empleado hacía intento de seguirlo, tras oír el estridente sonido de la alarma activada al pasar con la banda magnética por la puerta del establecimiento; pero afortunadamente no le dio alcance.
No habría podido explicar cómo llego hasta su casa de campo, pero allí se encontraba, frente a su ordenador, copiando aquel libro de manera automática y febril, sin saber tampoco por qué hacía aquello; pero no podía parar, y escribió y escribió, y lo hizo durante horas, durante días, no sabría decir cuántos; solo que cuando escribió la palabra fin, cayó fulminado, perdiendo la consciencia.
Cuando despertó estaba completamente desorientado, no sabia por qué se hallaba tendido en el suelo, ni cuándo se había dormido; no recordaba nada de lo sucedido desde que bajó del tren en la Estación Central de la ciudad. Se puso en pié e investigó. No tardó en encontrar el ordenador que estaba encendido, aunque el modo de ahorro de energía estaba activado y la pantalla se había apagado. La encendió y allí apareció un texto de 426 páginas que bajo el título "Tedio", estaba firmado por él; pero no conseguía recordar cuándo lo había escrito.
Tres meses más tarde "Tedio" era la obra más vendida del país y él, tras veinte años intentándolo, por fin había conseguido el éxito.
domingo, 1 de junio de 2014
Tedio
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