jueves, 12 de junio de 2014

Reflexiones

Estaba en el ocaso de las esperanzas vanas de su vida baldía, había caminado y navegado, incluso alguna vez volado sobre esta tierra a la que su madre lo echó al mundo cuando apenas era un adulto de embrión, sin más habilidad que enganchar un pezón y chupar de la teta, de vez en cuando miccionar y aún más espaciado el defecar; llorar y respirar fueron sus primeras destrezas; a las que les siguieron gatear, balbucir, reír y sufrir. Su primera experiencia fue el dolor, pronto a esta le acompañó el hambre, la sed; y las urgencias, la de evacuar el líquido de su vejiga, las heces de sus intestinos, poder protegerse en el abrazo de su madre; y después…, después vino todo lo demás.
Descubrió que su cuerpo se componía de unos cuantos ingenios básicos: cuatro miembros; dos de ellos para caminar; y otros dos para agarrar, sostener y elevar; una cabeza en la que destacaba la existencia de dos orificios por los que entraban las imágenes del mundo exterior, y dos pabellones a forma de extrañas hojas corvadas hacia dentro, a través de los que percibía los sonidos del mundo.Y aparte de eso había un espacio grande que se situaba en el territorio entre los miembros, en el que destacaba una zona superior que se expandía y contraía según tomaba o expulsaba aire, y en ella se situaban simétricamente dos pequeños botones, que en otros seres que él observó eran muy grandes y se situaban en las cumbres de unas montañas; más abajo había otro botón, con forma de orificio en el que cabía la uña completa del dedo, aunque vio a gentes que en vez del agujero también tenían botón, pero más feo y deforme que los de más arriba.
Un poco más abajo tenía dos pequeñas bolitas y una verga pequeña, y esta al parecer servía para evacuar la orina, y las bolas solo para hacerse daño cuando se golpeaba contra el suelo o con una rama, y pudo comprobar que otros seres no tenían esto mismo.
Cuando tuvo alguna capacidad de raciocinio, entendió que en su cuerpo podían distinguirse cuatro partes principales, que eran: los miembros, el espacio entre ellos, la cabeza y los orificios; y entre estos había que distinguir aquellos que expulsaban secreciones, y los que permitían la entrada de alimentos, luz o sonido; y había algunos que aun sospechaba que pudieran tener más de una función, y quizás de entrar y salir a la vez; pero esto debería esperar para poder averiguarlo.
Pronto comprobó que su madre ya no se preocupaba de él como antaño y todo parecía indicar que debería comenzar a buscarse la vida; afortunadamente en aquel lugar en el que su madre tuvo a bien parirlo había muchos árboles, y por ello también abundante fruta, pero también seres terribles y otros congéneres que desde pequeño ya atisbó que tenían muy mal carácter, y por ello concluyó  que allí habría que jugar fuerte.
Cuando transcurrió un tiempo que al le pareció mucho, pues su madre ya no le hacía caso alguno y él se sentía ya un jovencito muy bravo, descubrió que había otros individuos como él, que se diferenciaban en lo que ya había advertido tiempo atrás, pero que cuando se aproximaba a ellos sentía una gran turbación, y que incluso su pequeña verga que tenía entre las piernas, se convertía en una enorme porra, y algo le decía que tenía que agarrar a aquellos congéneres y luego ya se vería. Y en una ocasión lo intentó, pero si no llega a ser por su extraordinaria rapidez para saltar de rama en rama, tuvo por cierto que no habría salido vivo de los mordiscos que le lanzó aquel animal, que acudió presto a separarlo del congénere al que se había asido, justo de los botones sobre montañas.
Y tras aquello decidió que se retiraría a un lugar aislado para poder reflexionar sobre aquel mundo suyo, en el que al parecer le había correspondido vivir.
Permaneció varias jornadas en las que dio tiempo para que la luz se fuese y volviese a venir varias veces, y en las que cayó mucha agua, y grandes serpientes de luz acompañadas de gran ruido amenazaron con caer sobre él. Y cuando aquel infierno cesó y pudo recapacitar sobre todo lo que había visto, oido, olido, degustado y sentido, tuvo consciencia de que había muchas cosas que no comprendía; quizás ninguna. Sólo que él era alguien diferente a los otros y que si quería seguir vivo tendría que luchar. Y entonces se preguntó qué significaba estar vivo y quién era él. Y con aquella duda cayó dormido tras permanecer mucho mucho tiempo intentando comprender aquello.
Despertó sobresaltado cuando tuvo consciencia de que solo no sobreviviría y que tenía que ir con los otros individuos e integrarse en aquel grupo, aunque eso le costase la vida. Y decidió que lo haría inmediatamente.
Muchas jornadas después, en las que la luz vino y se fue muchas veces, y unas cuantas también, en las que pudo ver una luz redonda en el cielo, que cambiaba de forma y de tamaño durante las noches claras; y aprendió que con ella también podía contar el paso del tiempo, y aprendió que cuando el cielo rugia y las serpientes de luz surcaban el cielo, a veces mordian la vegetación y aparecían llamas; y a él en vez de miedo como a los otros, aquello le gustó y aprendió a domesticar a aquella fiera y la llevó hasta la cueva en la que pasaban las frías noches,  y a partir de entonces les dio calor;  y también averiguó que si la dura carne de las piezas de caza las sometía a la bestia de fuego sabían mejor y podían comerse con más agrado. Y también aprendió a fabricar piedras con las que cortar la carne y las pieles, y machacar los granos de algunas plantas. Y un día tuvo un impulso y con un tizón sacado de la hoguera que calentaba la cueva y servía para cocinar las carnes, se aproximó a una pared y dibujó algo con aquel carbón. Eran unos animales y una figuras de seres erguidos sobre sus miembros inferiores, como eran ellos; y cuando se sentó a mirar su obra reparó en que todos sus congéneres se agruparon alrededor de las pinturas, y con gestos que evidenciaban su gran asombro, se les vio a todos atusándose el pelo, al tiempo que emitian sonidos manifestando perplejidad y admiración; y tras permanecer un buen rato de esa guisa se aproximaron a él y comenzaron a acariciarlo, y algunos de los que tenían los botones sobre montes y carecían de verga lo besaron, y él sintió que lo elegían como líder  y macho princioal de la manada. Y tras aquella noche tuvo claro que en su grupo había individuos viejos y adultos; bebés, niños y jóvenes; y entre todos ellos los había de dis clases: machos y hembras; y él era un macho joven, y aunque los había más adultos que él y otros más viejos; incluso más fuertes, él era el más listo y así todos lo reconocieron.
Y además de todo aquello también supo que ellos no eran como los animales a los que daban caza, y aunque aún no b tenía muy claro quién era el, un individuo muy viejo algo le reveló, pues acercándose a él le entregó un bastón y a su oído pronunció unas palabras: "Para ti hijo de Luci".

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