Nació en una mísera favela de Rio de Janeiro, en El infierno de Pavão-Pavãozinho, era el quinto de siete hermanos y su padre murió tiroteado por la policía cuando él no era más que un menino, y desde siempre hubo de buscarse la vida como todos los que con él allí vivían, pero él a diferencia de otros tenía un don, y supo que si quería salir de aquel estercolero debía cultivarlo. Era capaz de golpear las latas de refrescos, de tomate o de sardinas, como si de un auténtico balón de reglamento se tratara, y cuando por vez primera le dejaron probar una pelota de verdad, dejó maravillados a todos los miserables niños de la calle y de las favelas, que con él compartieron aquel cochambroso e irregular terreno de juego. Driblaba como no se había visto desde los tiempos de Pelé, de Ronaldo o del mismo Nazario da lima; y llego un momento en el que todos lo buscaban cuando de ganar a los de las favelas vecinas o a las del otro lado de Río se trataba.
Pero Luisao Soares Gamboa, que así se llamaba el mozuelo, tenía un defecto, y grave, padecía lo que si algún psicólogo o médico lo hubiera visto -cosa que no ocurrió-, lo que se denominaba eufemísticamente trastorno límite de la personalidad; era incapaz de controlar sus impulsos cuando alguien lo provocaba o incluso cuando no; y todos los que con él convivían o tenían el placer o a veces la desgracia de jugar en la calle con él al futbol, lo definían sencillamente como loco; eso sí un loco que jugaba al futbol como ningún otro de su edad.
Y así a la temprana edad de ocho años fue avistado por un ojeador del Flamengo y le hizo una propuesta, y tras esta vino otra y otra, y a la edad de dieciséis años era ya un consumado delantero presto para debutar en la liga de fútbol carioca. Y entonces fue cuando conoció a María, aquella mulata de ojos verdes imposibles, que le eclipsó el entendimiento y le robó el alma. Y desde entonces jugó aún mejor que antes, pues ahora tenía una razón que le ilusionaba en la vida. Hasta que un día María le dio la terrible noticia de que su familia se trasladaba a vivir a Europa, concretamente a Barcelona, y Luisao sintió que todo su mundo se derrumbaba con la marcha de ella.Y tras meditarlo detenidamente, resolvió que tenía que jugar aún más y mejor; que debía deslumbrar a algún cazatalentos de Europa para poder viajar hasta allí, fichar por un equipo europeo y asi poder estar cerca de María de la que estaba seguro que era la mujer de su vida y con la que formaría su familia. Y además no podía vivir sin ella, a pesar que desde que jugaba al fútbol le habían proporcionado terapias para ayudar a controlar sus impulsos, había sido María la que le calmó su personalidad y le sosegó el alma; y sintió que si la perdía, también lo abandonaría la razón y el control sobre sí mismo.
Y recién cumplidos los diecisiete un intermediario europeo, para más fortuna de la propia ciudad de Barcelona, llegó a un acuerdo con el club que tenía sus derechos e hicieron un traspaso por varios millones de dólares, más los del presidente del club de partida, los del de recalada, los estipendios del agente que hacía la operación, los del agente del chico; y en este caso no hubo para el padre de Luisao, pues este estaba muerto y bien muerto.
Su llegada a la ciudad condal fue apoteósica, el recibimiento de masas lo asustó, pero saber que ahora estaría cerca de María, y que de paso podría sacar a su madre y a los hermanos que aún sobrevivían en la favela de Pãvao-Pavãozinho, le hicieron superar todas estas adversidades y sentirse por vez primera en su vida completamente feliz.
Y aquella temporada fue apoteósica en triunfos deportivos, con el equipo azulgrana ganó la liga, la copa y quedó finalista de la Champions, al año siguiente no ganaron la liga, pero sí la copa de Europa y con sólo diecinueve años pidió permiso a los padres de María y contrajo matrimonio con ella, y tres años después, consagrado como gran figura del futbol europeo y brasileño, ya formaba una familia con tres niñas y su adorada María, y era completamente feliz sabiendo además que ahora su madre y sus hermanos regentaban un floreciente negocio de mecánica en una zona de Río para gente acomodada.
Y para celebrar tanta dicha decidió hacerse un tatuaje en el cuello, en el que junto a un escudo del Fútbol Club Barcelona, estampó el nombre de María.
Era tal la estabilidad emocional que había alcanzado que en estos años no había tenido graves episodios de su enfermedad, que estaba aparentemente curada; excepto en una ocasión en la que en un partido mordió justo en el cuello a un adversario, y por ello fue sancionado con una multa y tres partidos de suspensión, y en otra, en la que tuvo una ocurrencia similar; y fue entonces cuando el equipo técnico de su club tomó cartas en el asunto y lo envió a terapia; pero los psicólogos que lo trataron no le concedieron demasiada importancia y lo achacaron a su espíritu competitivo y al acaloramiento que se crea en el fragor de la batalla; que es lo que en suma se convierte un partido de fútbol.
Y llegó la fecha en la que se iba a celebrar el Campeonato del Mundo de Fútbol, que además este año se celebraría en su país y además, como no podía ser de otra manera, siendo como lo era un jugador de una enorme talla, fue seleccionado para formar parte del equipo que reprentaría a la pentacampeona del mundo: Brasil.
Y María se sintió la mujer más orgullosa del mundo futbolístico; y en Río, en el taller mecánico de los Soares Gamboa, se instalaron grandes carteles en sus paredes y en la fachada con la fotografía del hermano y dueño de hecho del negocio, aunque él solo hubiese entregado el dinero para abrirlo, sin reclamar título de propiedad alguno.
Y en el primer partido, que fue también el de inauguración del campeonato, en el que su selección jugaba como país anfitrión, Luisao tuvo una actuación tan destacada que se convirtió desde el inicio en la estrella del Mundial; pues en aquel encuentro marcó tres goles -lo que los entendidos llanaban un "hat-trick"-, y todo hacia presagiar que de aquel campeonato, Luisao, saldría coronado como el nuevo "Rei do Brasil".
Pero en el segundo partido todo se complicó, el equipo se atascó en su juego y Luisao se desesperó, luchó como un titán contra los defensas contrarios, tratando de perforar la meta; pero los aguerridos defensores le hacían una falta tras otra, y en una jugada prodigiosa en la que Luisao corría con la pelota en una posición muy aventajada para encarar al portero, lo trabaron de malos modos, y Luisao perdió el control y en un arrebato fatídico se abalanzó sobre el jugador que lo había derribado, y sin meditar palabra, con gran disimulo le mordió en el cuello al desdichado, tal que hubiera sido un lobo o un tiburón en el océano. Y el árbitro apercibido de que algo extraño había ocurrido y tras constatar con estupor las horribles marcas que presentaba el jugador agredido, esgrimiendo la tarjeta roja expulsó a Luisao del terreno de juego; y tras ello sacando una pequeña libreta anotó: "Luisao el 9 de Brasil, es el Hombre Lobo".
Y al día siguiente en convocatoria urgente se reunieron los más notables de la FIFA, todos ellos completamente contrariados, pues varios de ellos hubieron de interrumpir una magna fiesta, mientras que otros fueron instados a regresar a toda prisa de Sao Paulo, adonde habían ido en una escapada rápida para ingresar en sus cuentas, de la única sucursal del banco suizo que allí había, las suculentas comisiones cobradas de las mordidas ya recibidas. Y tal era su estado de enojo, que resolvieron dictar una sanción tan ejemplar, que retirase de los terrenos de juego a Luisao por una temporada tal, que hiciese que ningún club ni selección quisiera tenerlo en plantilla.
Y después de aquello, Luisao que tras toda una vida de esfuerzos había conseguido el éxito y la estabilidad, tanto en su vida personal como en el fútbol, y la admiración y el cariño de todos, vio como todo se vino abajo y su trastorno límite de la personalidad dejó de ser limite, para convertirse en una clara psicosis; y culpó a María de todo, repudió a sus hijos, y cuando su selección, y después su club, le comunicaron que prescindian de sus servicios, y que allí no volvería a jugar al fútbol, desapareció; y a pesar de que María removió cielo y tierra para buscarlo, la policía no encontró rastro alguno; aunque hubo quien dijo que lo habían visto en la terminal internacional del aeropuerto. Y en los siguientes meses, unos dijeron haberlo visto en Brasil, otros en Sudáfrica; incluso alguien dijo que se encontraba en Catar asesorando a la federación de fútbol de aquel país,que organizaría el Mundial de fútbol del año 2022; perodespués de aquello nadie volvió a hablar más de Luisão. Y todos se olvidaron.
Diez años más tarde, mientras María echaba un vistazo a las noticias de Brasil, en la edición digital de "O Globo" su vista se quedó clavada a una imagen de un cuerpo que habían hallado varado en la playa de Copacabana, y el estado tan avanzado de descomposición impedía identificarlo; pero a Maríase le compungió el alma cuando comprobó que en el cuerpo de aquel desdichado, justo en el cuello junto al tatuaje del escudo de un club de fútbol, había también un nombre: "María".
domingo, 29 de junio de 2014
Luisão
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