jueves, 7 de agosto de 2014

Reloj de estación

Viejo reloj de estación forjado en hierro de mil fundiciones, piedra de mina primero, espada de godo después, cañón sarraceno y luego cristiano, más tarde caldera que calentó vidas ya extintas, y ahora convertido en carcasa de máquina del recuerdo del paso del tiempo; de los minutos y las horas de vidas ya  gastadas; de llegadas y salidas de esas gentes ya por este mundo olvidadas, que un día fueron transportadas en carros con ruedas de acero, tirados por dragones de negros humos; con destinos a ninguna parte las más de las veces, de ida y vuelta, de pasar la vida arrastrando en viejas maletas las ilusiones rotas y  las esperanzas vanas. Reloj que ha visto llorar a una madre despidiendo a su hijo que marchaba a la guerra, y también recibiendo a sus restos en una maldita caja; reloj que has contado el tiempo en el que dos amantes se daban el último beso de un hasta luego o de un adiós eterno.Y también has visto las risas, los gritos, y la alegría de niños, de jóvenes, hombres mujeres y viejos, que han subido y bajado de mil trenes fantasma, que han jugado con ellos fingiendo que los transportaban a  destinos de vida, cuando en realidad solo los entretenía mientras esperaban la muerte. Reloj que ya estás viejo, que pugnas con tu último aliento, tratando de que tus manos ya agarrotadas sigan marcando la hora que al Sol y a la Luna les ordena el Universo. A ti, viejo reloj de estación, te dedico yo este lamento.

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