Cuando me llamaron por teléfono y me comunicaron que mi madre estaba en urgencias con una fractura de cadera, aún no sabía que se me presentaba una ocasión única para ejecutar a aquel malnacido.
Había sido un matrimonio feliz durante un tiempo, y él era lo que cualquier mujer, y ella también, siempre hubiera querido; pero tras aquel disfraz se escondía un miserable. Primero la engañó una vez con una de sus amigas, después con dos, y más tarde, o mientras tanto -que eso tampoco lo recordaba con precisión-, la convenció para que participara en una especie de orgía -que aquel miserable ayudado con tres cámaras ocultas-, grabó en HD, 3D, y Dolby Surround Prologic todas las escenas sin perder detalle, y fue tanta la calidad obtenida, que aquel hijo de puta consiguió vender la película al canal temático de sexo de mayor éxito en internet: el Fuckingallways Channel. Las ventas fueron multimillonarias, y el muy cabrón no solamente se forró; sino que además fue contratado por la multinacional del sexo para que coordinase un proyecto en España.
Durante dos años permanecí ignorante de todo aquel asunto, hasta que un día alguien introdujo el maldito video en la intranet del centro de salud en el que yo trabajaba como pediatra, y a partir de ese momento mi vida se convirtió en un infierno. Después vino todo lo demás y supe que me había estado grabando en las situaciones más comprometidas, y que algunas de ellas habían sido trending topic en las redes sociales privadas, de mi entorno primero, y de todo el país después; y me derrumbé, dejé el trabajo y tuve dos intentos serios de suicidio, y cuando todo lo vi perdido apareció Vincenza, aquella psiquiatra napolitana que por varios avatares amorosos en su vida de residente de psiquiatría, había recalado primero en España, y luego en mi ciudad. Ella me dio una razón para seguir viviendo; y aunque es cierto que me proporcionó alguna medicación de apoyo, fue su psicoterapia la que me sacó del abismo. Esto sucedió un día, en la planta de agudos de psiquiatría del hospital, cuando ya habiamos intimado y conocido -aunque aún no en el sentido bíblico-, y mirándome fijamente a los ojos simplemente me dijo: «Tienes que matarlo».
Aquellas palabras fueron para mí una revolución, una quimioterapia para mi cáncer, la insulina de mi diabetes, el renacer de una ilusión; el motivo para vivir, en suma.
Ella debió notar el brillo de felicidad de mis ojos y mi expresión de alegría; acerqué mis labios a su mejilla y la besé, al tiempo, que susurrando a su oído, dije: «Te agradecería que me ayudases en esto».
Quedamos en que cuando llegase el momento me lo diría y que me revelaría el plan. Y desde entonces viví con una única ilusión: ¡matar a aquel hijo de puta!
Y cuando hoy llamé a Vincenza para decirle lo de la fractura de mi madre, y para que se interesara por ella en urgencias, ella lacónicamente me contestó: «Ha llegado el momento». Y aunque le insistí en que no era ocasión propicia para bromas, y que seguramente no me había entendido, me contestó: «En el sitio que tú sabes encontrarás el plan, memorízalo y destruye el papel. No te pongas en contacto conmigo hasta que llegue el momento».
Tras aquellas palabras colgó y apagó su teléfono. Corrí al hospital y busqué aquel maldito papel, entré en un lavabo y me dispuse a leerlo.¡El plan era sencillamente perfecto!
A la mañana siguiente, los periodicos locales traían en portada la noticia de que un conocido empresario del mundo mediático con proyección internacional, había aparecido muerto en su automóvil en circunstancias extrañas. Ninguna pista fiable parecía manejar la policía; aunque el redactor apuntaba que eran conocidas sus actividades en el mundo de la pornografía, y había quién lo relacionaba incluso con redes de pornografía infantil y pederastia, por lo que no faltarían quienes desearían verlo muerto -concluía el periodista.
Tres meses más tarde, en la sede de Bangkok del Fuckingalways Channel, se recibía un guión junto a unas imágenes en las que podía verse a dos mujeres con la cara tapada, que protagonizaban las escenas que estaban escritas en el guión. Y en él se describía una ingeniosa trama en la que dos mujeres, médicos de profesión para más señas, llevaban a cabo el asesinato de un conocido actor porno.
La historia contaba cómo una esposa enterada de la profesión de su marido, y de que la había utilizado para grabaciones clandestinas, tramaba un plan con otra colega médico para consumar su venganza. Una de ellas cita al actor y lo convence para tener sexo con él en su automóvil, mientras, la otra permanece en un quirófano presenciando la intervención que un colega está practicándole a su madre; la primera distrae a la víctima; la segunda abandona un momento el quirófano y se enfunda un chándal, corre hasta un aparcamiento privado, abre la puerta del coche, allí está el actor y su amiga médico, cuando la ve empuja al hombre, la otra le clava una jeringa y le inyecta el contenido completo, ambas lo sujetan hasta que queda sin fuerza, entonces se desnudan e intercambian sus ropas, la que inyecta se queda en el coche, la psiquiatra corre al quirófano y comprueba que nadie ha notado su ausencia. Media hora más tarde vuelve a salir del quirófano y se cruza con la otra, una huye, la otra queda; todo ha ido perfecto -le dice el cirujano-, a su madre se refiere. Y fuera en un aparcamiento privado, un cadáver fresco, rebosante de insulina que no la había producido su cuerpo, y esperando se halla a que alguien por fin lo encuentre. Dos fantasmas lo han matado, y él, que tan bien se había ganado la vida grabando con cámaras escondidas, ahora ninguna había podido captar su muerte; ni tampoco a ninguna de sus asesinas.
El Fuckingalways Channel no perdió la ocasión, solo añadió algunas escenas más de sexo fuerte, y nuevamente, como en otras ocasiones, esta grabación también fue trending topic.
miércoles, 6 de agosto de 2014
El plan
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