lunes, 2 de septiembre de 2013

La Luz de Sefarad


                           LA LUZ DE SEFARAD

                               JUAN CASTELL

Rex enim ardua est vetustis novitatem dare, novis authoritatem, obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem.Ardua empresa es presentar con novedad cosas antiguas, dar autoridad a las modernas, interés a las pasadas, claridad a las oscuras, amenidad a las molestas y fe a las dudosas.
Plinio El Joven

Para Aída



                                   PRIMERA PARTE 

                          UN JUDÍO VE LA LUZ EN SEFARAD     

 Sería al alba, del sabbat 9 del mes de Av del año 5069, que en el calendario cristiano se correspondería al 24 del mes de agosto de 1309, cuando vino al mundo el judío Asher.Esto ocurrió en Toledo, en el barrio de la Alacava, anejo a la judería Mayor, el barrio más poblado por los hijos de Israel, donde Moshé Asher Toledano, su padre, médico y su madre Adina vivían desde que unieron sus vidas hacia ahora un año. El casamiento se había llevado a cabo por acuerdo de sus padres, ambos comerciantes acomodados de la gran ciudad de Toledo.Asher, como así le llamarían por deseo expreso de Adina y la satisfacción del padre, llegó en aquel caluroso día de verano, entre los cantos de las cigarras, sin dar mucho ruido, ni a su madre, que tuvo un parto fácil, ni a Asher, su padre, que fue el que ayudó a traerlo a este mundo, que era el que Adonai nos asignó para servirle y respetarle.El nacimiento de Asher fue un acontecimiento, no sólo para la familia; sino para todo el barrio de la Alacava, e incluso traspasó a toda la gran judería de Toledo. Tal era el respeto del que tanto la familia de Asher como la de Adina, gozaban entre la comunidad judía.Como mandaba la tradición, al octavo día del nacimiento del pequeño Asher, su propio padre, -al que todos llamaban por su segundo nombre: Asher-, cumpliendo con el pacto entre Yahvé y Abraham, al amanecer, llevó a cabo la ceremonia del Berit Milá o circuncisión. Está escrito en la Toráh, que este es el mandamiento dado por Adonai a Abraham:”Que observarás, entre tú y tus hijos después de ti, de circuncidar a todos los varones, seccionando la piel de sus prepucios y será una señal del pacto entre tú y Yo”.Asher con mano firme y utilizando su mejor bisturí, tomó entre sus dedos el pequeño prepucio de su hijo, dándole un corte rápido y preciso, eliminando la parte de piel pactada con Él. De inmediato, procedió a contener la hemorragia que el acto produjo.Aunque habitualmente, la ceremonia del Brit Milá, lo llevaba a cabo un Mohel, que debía ser un cirujano con experiencia, Asher, a pesar de su gran reputación como médico, prefirió hacerlo él; aunque pudiera ser criticado por ello.Terminado el acto, según la Toráh, el alma divina del pequeño comienza a entrar en su cuerpo en un proceso que quedará completado con el Bar Mitzvá, cuando cumpla los trece años, tras una larga etapa de estudio de las leyes mosaicas.Festejaron la ceremonia de forma apropiada, degustando las mejores viandas que en Toledo pudieran encontrarse. Las mujeres prepararon un extenso menú, en el que no faltó la adafina, elaborada con la mejor ternera, garbanzos, huevos, patatas y el resto de ingredientes, que lo convertían en uno de los platos más exquisitos de la cocina sefardí. También se sirvió Orisa, que consistía en un guiso de carne con más de veinte ingredientes, albóndigas de pescado con salsa de limón y huevo, ensalada de berenjenas y mero en salsa de ñoras. El lograr el mero en el centro de la península fue una de las grandes hazañas que Asher consiguió a lo largo de su vida. Siguieron más platos típicos de la cocina sefardí, como la sopa de Rosh Hashaná o sopa de las siete verduras, el típico Shuá de cordero con salsa de almodrote, los pastelillos de berenjena y los postres sefardíes, como las fijuelas, el bizcocho de nueces o el lentuario de membrillo. No faltaron tampoco las obleas de nueces, naranjas y especias, ni las estrellas de Sefarad.Las bebidas fueron abundantes y variadas, siguiendo de forma estricta las normas Kosher. Se sirvió vino de la vega de Toledo, elaborado exclusivamente por judíos. También hubo kefir, zumo de lima, de naranja y de limón y agua fresca extraída del pozo de la casa del Rabino de la Sinagoga Mayor de Toledo. Una receta traída de los judíos de tierras lejanas de Europa, tuvo tanto éxito, que hasta el rabino tuvo que retirarse a meditar sobre la idoneidad del brebaje, se trataba del Gogl-Mogl.La celebración se extendió hasta que las cigarras callaron y los rayos del sol inundaron las estrechas calles de la judería toledana. Una vez que dieron por finalizada la celebración, rompieron sus copas siguiendo una costumbre, por la cual, se pretendía no olvidar en los momentos felices, que no siempre todo sería así. Y después todos se retiraron tras cumplir con los rituales saludos de despedida que enseñaba la tradición oral.Por fin Asher, Adina y el pequeño, quedaron solos en su modesta; pero digna casa del barrio de la Alacava, en la mayor judería de occidente.     IIA pesar de los esfuerzos de Adina para que su esposo se tomara el día libre y se ocupase sólo de ella y del niño, Asher no accedió, no por falta de ganas; sino por su entrega y responsabilidad hacia la comunidad, que como médico tenía.Adina no le hizo ningún reproche, sabía que Asher la quería a ella y al niño más que a nada en el mundo; pero su trabajo y su vocación como médico, estaban en otro plano. Por ello, abrazó a su marido y lo besó larga y apasionadamente, diciéndole con ello lo que las palabras no pueden transmitir. Dos lágrimas de amor y felicidad se deslizaron por las mejillas de él, mientras acariciaba el cabello de su esposa, con una ternura que la perturbó. Abandonó la casa y se encaminó en dirección a la Puerta del Cambrón, que daba acceso a la judería desde extramuros de la ciudad. Entró en la casa de Benjamín, un comerciante de lana muy conocido en Toledo. Su hija Adama estaba enferma desde hacía dos días, padecía de fiebres terribles y diarreas constantes. Asher estaba muy preocupado por ella. Al entrar en la vivienda le recibió su madre y le informó que sus otros dos hijos pequeños Shimón y Shlomo, presentaban desde la noche anterior los mismos síntomas que Adama.Asher ordenó que se le practicaran sangrías y se le aplicaran sanguijuelas del Tajo. Sin duda, se había producido un desequilibrio entre los cuatro humores y habría que restablecer el orden lo antes posible. Indicó que no se le diese ni alimento ni bebida alguna durante una jornada. Al día siguiente volvería a visitarlos.Habría caminado no más de treinta pasos, cuando Asher fue llamado de forma angustiosa, por una mujer de unos cuarenta años que él pronto reconoció. Era Ylana, le imploró para que pasase a visitar a su marido Abdías y a su hijo mayor Yoel. Ambos se encontraban postrados en sus lechos, con un aspecto realmente preocupante. Asher los exploró y comprobó que ardían de fiebre. El olor de la estancia era como a ratones mojados y la diarrea no pasaba desapercibida. Al parecer, estaban así desde el día anterior. Volvió a intentar el mismo tratamiento a base de sanguijuelas, sangría y dieta y prometió volver más tarde.Empezó a preocuparse, pero no tuvo mucho tiempo para sus cavilaciones. Aquella mañana tuvo que ver hasta un total de veinte personas más, que presentaban los mismos síntomas. Estaba exhausto, se le presentaba una situación muy preocupante y él estaba físicamente deshecho con tanto trabajo y sin haber descansado después de la ceremonia del Berit Milá, celebrada el día anterior. Pero si había algo que no podía hacer ahora. era irse a dormir. Visitó hasta tres veces a cada uno de los enfermos y comprobó que ninguno de ellos, había mejorado con el tratamiento que les había prescrito y que sin duda, cualquier médico que hubiese estudiado a los clásicos, habría indicado igualmente.Se alejó, caminando en dirección al Tajo, dejó la judería atrás, se sentó en una roca y observó la impresionante silueta de la aljama toledana y la de la rocosa y escarpada orilla del río, que según él creía, mantenía el equilibrio de los cuatro humores de la ciudad, porque para él, Toledo era un ser vivo, una criatura creada por Adonai y por ello debía regirse por los mismos principios que cualquier otro ser creado por Él.Rezó y rogó a Di-s que le iluminara, que le revelara algún remedio para paliar la grave afección, que inundaba a buena parte de los suyos. Tomó dos sorbos de una infusión, ideada por él y que en los momentos difíciles llevaba siempre consigo. Inmediatamente entró en una especie de trance o de sueño que más tarde no sabría definir, y así permaneció durante un tiempo indeterminado; pero cierto es que ya el sol se había ocultado por la escarpada orilla del alma de Toledo: el Tajo.Iba confuso, pero algo en su mente pugnaba por brotar. No podía aceptar aquello, ¿era Adonai quién le habló?, no, él no era digno de ello. Pero si no era Él, ¿quién podría haberle sugerido aquello? Como poseído por algo que no comprendía y aún poniendo en riesgo todo lo que tenía e incluso a su propia familia, estando cerca de la extenuación, recorrió casa por casa, visitando a cada uno de los enfermos. Ordenó que suspendieran las sangrías y la aplicación de sanguijuelas y que en vez de ello les administrasen té de Damasco hervido, en las cantidades que pudiesen admitir.Era tal la desesperación de enfermos y familias que ninguno puso objeción alguna a aquella excentricidad de Asher. Habían fallecido ya cinco personas, un adulto y cuatro niños y por tanto poco había que perder. Hecho esto, marchó a su casa, besó a Adina y al niño, buscó su cama y literalmente se desmayó.El primer rayo de sol que penetró en la judería toledana aquel 3 de septiembre de 1309, iluminó al médico judío Asher, como si hubiera sido dirigido por Adonai. Dio un salto de su cama, se vistió con premura y utilizó una jofaina para hacer unas rápidas abluciones. Salió al encuentro de Adina, la besó y no pudo evitar que le diese un poco de té con miel que bebió de dos sorbos y salió como alma que fuese requerida por Adonai.Se dirigió a la zona de la judería más cercana a la Puerta del Cambrón, donde se concentraban la mayoría de los enfermos. Entró atropelladamente en una tras otra de las casas e incrédulo, comprobó que nadie más había muerto y que algunos, los más de ellos, estaban mejorando. Sin saber en que basarse, dio instrucciones para que continuasen con el mismo tratamiento y repitió que volvería a visitarlos más tarde. Fue requerido para visitar a veinte enfermos en aquel día.En los siguientes tres días, aparecieron cuarenta casos nuevos; pero sólo hubo que lamentar una muerte. Asher estaba perplejo, no lo podía creer. Había releído a los clásicos, en especial a Moshé Ben Maimón a Hipócrates, a Galeno y el Canon medicinae de Avicena y en ninguno pudo encontrar razón alguna a su aparente éxito. Aunque él estaba seguro, que era Adonai, el que había actuado a través de su insignificante figura de médico judío, para salvar a los creyentes de la joya de Sefarad.IIIEra el 7 de septiembre, cuando a primera hora de la mañana, Asher fue llamado de forma urgente por el Rabino de la Sinagoga Mayor de Toledo. El rabí Ariel Levi, le dijo a Asher:-Sé lo que habéis hecho en estas últimas horas en la judería. -Yo no he hecho nada que no me haya sido dado por ÉL. -¿Decís que Adonai os ha dicho lo que había que hacer? -Rabí, yo no creo que alguien como yo hubiera podido pensar en ese remedio, si no me hubiera sido dado por Él.-¿Pero por qué decís que ha sido ÉL?-Porque sé que yo no he podido ser y Él es el único que podría haberlo hecho.-Cuidado Asher con lo que decís.-Yo digo, que sólo Adonai posee todo el saber del porqué de todas las cosas y yo no, luego si el mal está siendo anulado, ha sido Él y no yo.-Bien Asher, dejemos las discusiones talmúdicas para otro momento. Te he llamado, porque las autoridades cristianas de la ciudad han sabido de tu éxito contra la enfermedad y al parecer por todo Toledo hay enfermos por doquier. El mal afecta por igual a creyentes, que a mudéjares o cristianos y me han mandado aviso para que hable con vos y os diga que requieren vuestros servicios. Os hago saber, que por nuestra parte, no hay ningún reparo espiritual en que ayudéis a nuestros convecinos, sean cristianos o mudéjares.-Rabino, eso dependerá de lo que Él quiera. Yo no soy nadie, de hecho, os confieso que he actuado al margen de lo que me enseñaron mis maestros y a ellos los suyos y de los clásicos. No he seguido los consejos de Hipócrates ni de Galeno; ni siquiera de Avicena, ni los de nuestro gran Moshé Ben Maimón. Podría decirse que soy el mayor hereje de la medicina de todos los tiempos; pero rabí yo estoy seguro que ha sido Adonai quién me ha señalado el camino.-Te repito, que en otro momento entraría en una discusión teológica contigo; pero como sabes, nuestra situación como judíos siempre es inestable e incierta, tanto se trate de estar bajo la autoridad de los seguidores de Alá, como de los de Jesucristo. Por tanto y dado que esta vez los que detentan el poder en esta ciudad son los cristianos, desde que el rey Alfonso se lo arrebatara a los musulmanes, te aconsejo, te recomiendo y te ordeno que vayas al requerimiento, que se te ha hecho por la autoridad de la ciudad y que hagas lo que esté en tu mano. Yo te acompañaré.-¿Estás de acuerdo, Asher?-Estoy siempre a lo que Adonai me ordene. El 8 de septiembre, tan pronto como amaneció, Asher, cumpliendo con su ritual de levantarse, lavarse, tomar el té y besar a Adina y a su hijo, salió de su casa y tomó rumbo al centro de la ciudad, en la zona cristiana, donde se reunía el Concejo. Llegó con tiempo suficiente, para poder oír los comentarios, que alrededor de la plaza de Zocodover, se intercambiaban los presentes en un día de mercado. Se rumoreaba que los judíos habían envenenado el Tajo y por eso habían llamado al rabino, decían unos. Otros, comentaban, que los médicos cristianos eran tan incompetentes para tratar las enfermedades, que el Concejo había tenido que recurrir a los judíos. Suerte tenía Asher de que a él no era fácil que lo reconociesen por su rostro; pues nunca había desempeñado cargo o figura que le hubiese hecho famoso de cara a la plebe. Él, sólo era un médico de la judería, eso sí de la más influyente de occidente.Entró en la sala del Concejo, acompañado del gran rabino de Toledo: Ariel Levi. Atravesaron una gran estancia, después un patio, cruzaron por un estrecho pasillo y al final llegaron a una sala rectangular, más bien grande que pequeña, en la que esperaban sentadas once personas.El lugar preeminente lo ocupaba don Pero Sancho, Primer alcalde y Presidente del Concejo. Le acompañaban dos alcaldes ordinarios, un miembro de cada uno de los grandes gremios de artesanos, comerciantes, agricultores, ganaderos y constructores, tres representantes de la iglesia y un escribano que daría fe de todo lo que allí se hablase.Además, el Concejo, si así lo estimase, podría llamar a cuantos peritos considerase necesarios, en especial a médicos, boticarios y cirujanos de la ciudad.Asher, aunque seguro de sí mismo, estaba algo intimidado. Siempre le había ocurrido cuando abandonaba el casco protector de la judería.El Primer alcalde recibió a Asher y al rabino de la forma más cordial:-Sean bienvenidas vuestras mercedes a la sede del gobierno de esta ciudad, que también es la vuestra.-Os agradecemos el motivo de esta recepción y sabed que nosotros os respetamos y apreciamos -contestó el rabino.Asher permaneció en silencio, pensó que ya tendría oportunidad de hablar más adelante.-Tomad asiento -les dijo el alcalde.El rabino y Asher se situaron frente a los miembros del Concejo, aunque en un plano algo inferior.-Moshé Asher, hemos tenido noticias de vuestros éxitos, en la judería, contra esta terrible enfermedad, que nos afecta tanto a cristianos como a judíos o mudéjares. Nuestros médicos, que han sido interrogados por este Concejo, nos han manifestado, que ningún remedio de los aprendidos de los clásicos funciona y han dicho que si el vuestro lo hace, sin duda debe ser por brujería, no les cabe otra explicación.Asher miró de reojo al rabino, el cual evitó devolverle la mirada, y meditó un instante. Debería contestar a ese engreído que la diferencia entre esos médicos y él estaba en Adonai. Pensó que el rabino no aprobaría un enfrentamiento tan directo con aquellos que ahora gobernaban estas tierras y que seguramente seguirían haciéndolo en el futuro.-Moshé Asher, ¿puede responder a lo que se le ha planteado?-Perdone vuestra merced, pero he estado pensando en ello. Yo sólo les puedo decir que he utilizado un remedio simple, que al parecer ha funcionado. Yo no incluiría en la autoría del fenómeno a más seres que los que aquí habitamos en la capital de Sefarad, perdone, en Toledo -dijo Asher, haciendo abstracción del responsable al que creía autor del remedio, que no era otro que Adonai.-¿Quién decís que ha encontrado solución al mal de las fiebres diarreicas que nadie antes había encontrado?-Yo no lo digo.-Pero sí lo ha divulgado por todo Toledo.-Disculpe -intervino el rabino-, con todo mi respeto. Creo que deberíamos centrarnos en la solución del gran problema de la población de Toledo y no discutir sobre cuestiones que no vienen al caso.-Rabí, debo darle la razón, afirmó el Primer alcalde de Toledo.-Dígame Moshé Asher: ¿Cuál sería su plan?-Aplicar el mismo tratamiento a todos los enfermos que el que yo he aplicado en la judería.-¿De qué se trataría en concreto?-Dar a beber té de Damasco.-¿Puede saberse qué es eso?-Té, miel y un poco de sal, en grandes cantidades.-¿Quién lo ha inventado?Asher se hizo fuerte y como su posición en el momento lo era, dijo:-Yo mismo, con el permiso de Adonai.-¿De quién?-De Él, el que nos creó.-Bueno Asher, no entremos en esos detalles, no es este el sitio ni el momento -interrumpió el rabino-. Si crees que funciona, con eso debería bastar, a mi juicio.-Buen juicio tenéis rabino -dijo el alcalde.-Moshé Asher -inquirió de nuevo el alcalde-. ¿Creéis que vuestra fórmula funciona?-Sí, señor.-¿Sabéis por qué?-No señor, no lo sé.-¿Y aún así lo recomendáis?-Perdonad mi atrevimiento, pero todos sabemos que desde el alba el sol nos ilumina de oriente a occidente, que al crepúsculo las estrellas ocupan el firmamento, que nuestro río de la vida: el Tajo, lleva aguas del norte hacia el oeste y de algunas otras cosas más. Pero de ninguna de ellas, disponemos del conocimiento de por qué ocurren así, y tampoco lo tengo de lo que me preguntáis.La cara del rabino se volvió lívida y el alcalde respondió:-Bien Asher, excelente respuesta, si decís que funciona, adelante con ello.Se le concedieron, todas las atribuciones y poderes que necesitase, para el desempeño de su misión, que era acabar con las pestilencias que estaban diezmando a la población de Toledo.Asher, en todo momento, iba acompañado por dos alguaciles, para evitar cualquier tipo de altercado que pudiera acaecer.El Concejo, no sin tener que utilizar todas sus habilidades dialécticas, dotes de convicción y en último lugar amenazas, consiguió reunir a cuatro médicos más, de ellos, tres eran cristianos y uno mudéjar, además les acompañarían tres cirujanos. Todos quedaron a las órdenes de Asher, eso sí y no podía ser de otra manera, a través de la autoridad de la ciudad.El 10 de septiembre, una hora después del alba, como era a gusto de Asher, en la plaza de Zocodover, se reunía con el equipo que el Concejo le había asignado.Eran en total diez personas: cinco médicos incluido él, tres cirujanos, los dos alguaciles y otros dos ayudantes, para cualquier servicio que se necesitase, incluida la retirada de cadáveres.No estaba totalmente conforme con el equipo que le había asignado el Concejo; pero no podía oponerse, lo había comentado con el rabino y le había dejado muy claro que debían complacer, en todo aquello que no ofendiera a Adonai, los deseos de los cristianos. Para ellos era de vital importancia la supervivencia de su pueblo y en este momento, Asher podía ayudar mucho a ello. Le preocupaba, cómo convencería a los médicos del equipo de que siguiesen su estrategia terapéutica y también qué haría con los cirujanos, cuando el aparente éxito de su tratamiento obtenido en la judería, no incluía la aplicación de sanguijuelas ni las sangrías.Realmente a Asher, la responsabilidad en este caso comenzaba a sobrepasarle y adoptó la estrategia que primero le vino a la mente. Marchó a la judería y se dirigió a su casa. Abrazó a Adina y sin decir nada, permaneció así, durante un tiempo indefinido, en el que le pareció, que Adonai habría tenido tiempo para haber vuelto a crear este mundo. La besó y sin pensar en nada más, le hizo el amor como no había ocurrido desde que habían concebido al pequeño Asher. Pensó, que sin duda, Él le había concedido un regalo por sus esfuerzos y los de su esposa Adina.Al amanecer, se aseó de forma meticulosa, se vistió, enrolló una parte del tefilin en su brazo izquierdo y la otra en su cabeza y dirigió unas oraciones a Adonai, para darle gracias y pedirle que siguiese iluminándole. Terminados sus rezos, se colocó la kipá como signo de sumisión a Él y abandonó su casa.En vez de encaminarse hacia la plaza de Zocodover, lo hizo en dirección opuesta, más allá de la Puerta del Cambrón, yendo al encuentro del alma y luz de la capital de Sefarad: el Tajo. Allí y tras ingerir dos sorbos de su pócima secreta, entró en ese trance que ya le era familiar, permaneció en él ni más ni menos que el tiempo requerido para ello y después se levantó, se sacudió las vestimentas, para eliminar los restos de la seca vegetación de la sagrada y rocosa ribera y se dirigió presto a cumplir su misión.No empleó mucho tiempo para llegar a la plaza del mercado, llamada por los musulmanes de Zocodover, donde se encontraba la sede del Concejo. Allí le esperaban, sin duda de forma poco amistosa, un equipo de once personas y él, judío, tenía que darle a todos y cada uno de ellos, instrucciones concretas, para actuar y afrontar la grave situación que afligía a la ciudad. Y además, con cuidado de no ofender a ninguno de ellos, lo que era una dificultad añadida.Sabía que dada su condición de judío, el apoyo con el que ahora contaba por parte del Concejo, podría volverse contra él, en el tiempo que tarda un ánade en cruzar el Tajo.Asher entró, a pesar de todo, orgulloso y confiado en sí mismo. No habían existido, últimamente en Sefarad, muchas ocasiones en la que un judío fuese el que hablase primero y eso no estaba dispuesto a desperdiciarlo, por si no tenía otra ocasión para repetirlo.Estaban todos sentados en la sala, cuando el alguacil designado por el alcalde para moderar la reunión habló:-Señores, estamos aquí reunidos por indicación del Concejo para tratar el asunto grave que todas vuestras mercedes conocen. Según me ha indicado el alcalde, le cedo la palabra a Moshé Asher, que ha sido designado, para tomar las decisiones que haya que adoptar en el asunto que aquí nos trae.-No hay tiempo que perder -dijo Asher tomando la palabra-, quiero que me den una relación de enfermos y muertos que vuestras mercedes conozcan en este momento: ¡Hablen los médicos!-Mi nombre es Alonso Cabeza de Vaca y digo que tengo noticias de cinco muertos y más de treinta enfermos.-Soy Sancho Pérez de Guzmán y he visto a no menos de veinticinco enfermos y sé de seis muertos.-Juan Sánchez de Bustamante, he tratado a veinticinco enfermos y he tenido que sufrir la muerte de seis de ellos.-Juan López de Villanueva yo tengo contabilizados veinte enfermos y tres muertos.-Yo, Ramzy Jamil Ala, he atendido a diez enfermos y he visto dos muertos.-Escribano, dinos el balance total de enfermos y muertos.-Espere, Moshé Asher, no estoy acostumbrado a contar muertes como si de dineros se tratase –dijo el escribano, dejando traslucir sus entendederas.-Tómese su tiempo, pero haga la cuenta.-Moshé Asher, son ciento diez enfermos y veintidós muertos.-Quiero, que cada día, se recoja el número de enfermos nuevos, el de los que continúen aquejados de la enfermedad y los muertos. Cada médico, al acabar la jornada enviará esa información al alguacil. El tratamiento que se proporcionará a los enfermos, consistirá en té de Damasco, a saber, compuesto de agua hervida, té, miel y una pizca de sal y en la cantidad que el enfermo tolere. Quedarán proscritas las sangrías, de cualquier tipo, sean hechas por cirujanos por sección de vasos sanguíneos o mediante la utilización de sanguijuelas. Cualquier otro tratamiento será expuesto aquí antes de ser aplicado ¿Alguna pregunta?-¿En quién os basáis para indicar ese tratamiento? -preguntó el médico Alonso Cabeza de Vaca.-En el Concejo que me ha dado la autoridad para prescribirlo.-Decidme, Moshé Asher -dijo Sancho Pérez de Guzmán-, ¿la idea os la dio Hipócrates?, ¿quizá Galeno?, ¿Avicena…, Averroes?, ¿o vuestro ben Maimón? Porque yo no lo leí ni oí jamás.-A mí se me han concedido plenos poderes por el Concejo y no tengo más que discutir sobre este asunto con vuestras mercedes, os guste o no, y si alguno de los presentes no está conmigo, le exijo que lo diga y que abandone esta sala. Les concedo un tiempo para que reflexionen sobre el particular. Mañana a una hora después del alba, todos los que decidan seguir con la misión, acudirán a este mismo sitio. Los que no estén, entenderé que no aceptan lo aquí expuesto. Hasta mañana señores, les necesito a todos y sobre todo les necesita la ciudad de Toledo.Esa noche, Asher la pasó prácticamente en vela, diseñando su plan, que a la mañana siguiente a la hora pactada debían poner en marcha.Faltarían unas dos horas para el alba, cuando buscó el cuerpo de Adina, a la que abrazó y besó tiernamente. Ella se dio la vuelta en busca de su marido; pero él ya se había dormido del cansancio que había acumulado en los últimos días.Despertó con las primeras luces de la mañana. Saltó de la cama como un resorte, se lavó la cara y las manos, se coloco el tefilín y la kipá y rezó a Adonai. Cuando ya se dirigía a la puerta, Adina le ofreció una taza de té caliente y un panecillo horneado el día anterior. Bebió el té de dos sorbos, la besó y al oído le dijo:-Perdonadme tú y el pequeño, creo que os estoy defraudando.-No Asher, perdóname tú a mí si no estoy a tu altura, eres la esperanza de Toledo, todos confían en ti. No olvides el panecillo, querido.-Bien, lo comeré en el camino a la plaza de Zocodover.Durante la caminata, de unos quince minutos, desde su casa de la Alacava hasta la sede del Concejo, observó que a diferencia del día anterior y de antes de que ocurrieran estos sucesos, había personas que se detenían al pasar junto a ellos y lo observaban con cara de curiosidad ¿Realmente habría trascendido tan pronto el plan del Concejo y a él ya lo conocían? Pronto salió de su duda, parecía que sí, porque tuvo un par de imprecaciones hacia su persona, haciendo alusión a su condición de judío; pero también y cierto es, que otros, más numerosos que los anteriores le animaron y le manifestaron su absoluta confianza en él como médico.Antes de la hora fijada, Asher ya se encontraba en el interior de la sala del Concejo. Aún no había llegado nadie, a parte del alguacil. Transcurrió poco tiempo; aunque se le hizo interminable, hasta que empezaron a llegar los miembros del equipo. Hizo un recuento rápido y comprobó que sólo faltaba un médico cristiano, al que dio por perdido. Siendo conjetura prematura, pues al momento también apareció disculpándose por la tardanza. ¡Estaban todos!Abrió la reunión el alguacil, que fue nombrando uno a uno a los presentes:Don Alonso cabeza de Vaca. Médico. Cristiano.Don Sancho Pérez de Guzmán. Médico. Cristiano.Don Juan Sánchez de Bustamante. Médico. Cristiano.Don Juan López de Villanueva. Médico. Cristiano.Ramzy Jamil Ala. Médico. Mudéjar de origen kurdo.Pero Gutierre. Cirujano. Cristiano.Diego Velázquez. Cirujano. Cristiano.Samuel ben Manasseh. Cirujano. Judío.Alonso de Guzmán. Ayudante escribano. Cristiano.Antonio de Céspedes. Ayudante escribano. Cristiano.Luis Gómez de Zúñiga. alguacil. Responsable de escribanos y administración. Cristiano.Y él, Moshé Asher Toledano, responsable del grupo por orden del Concejo.Luis Gómez de Zúñiga abrió la reunión: -Señores, estamos aquí, a lo acordado en el día de ayer y a instancias de Moshé Asher Toledano, a la sazón representante legal del Concejo, al asunto del que ninguno de los presentes somos ajenos. Siendo dos horas más del alba de este 12 de septiembre de 1309, se abre la sesión, cediendo la palabra a Moshé Asher Toledano. Proceda. -Me siento honrado y agradezco que todos y cada uno de vosotros, prescindiendo de oficio, creencias o procedencia, hayáis optado por nuestra ciudad de Toledo, postergando otras porfías, que sin duda podrían ser de peso. Doy por hecho, que con vuestra asistencia hoy aquí y si no hay otra palabra en contra, que podréis expresar, que tenemos un equipo para enfrentarnos al mal que asola a nuestra ciudad. Como os he explicado, tengo un plan diseñado para actuar, lo discutiremos; pero no entraré en dialécticas filosóficas, teológicas o sobre lo escrito o no, por los maestros. Estoy designado por el Concejo por lo probado y hecho en la judería y que funcionó, lo que para el Concejo fue suficiente. Una vez que la crisis esté resuelta, que creedme que lo haremos, cada uno podrá comentar opinar o escribir todo aquello que sus conocimientos y erudición le dicten. Pero ahora todos somos un grupo, somos una roca y todos haremos lo que yo indique. Vuelvo a requerir a todos para que si alguien tiene alguna objeción lo manifieste ahora.Se hizo un silencio absoluto.-Entiendo que todos somos uno, ¿estoy en lo cierto?-Sí, sí, sí, yo también, sí, sí, sí, sí, sí, sí.Todos uno por uno habían ratificado el acuerdo.-alguacil, llamó Asher, tome este escrito y léalo a los presentes.-Nos dividiremos la ciudad de Toledo en cinco territorios, yo, me encargaré de toda la judería, Ramzy Jamil Ala del barrio mudéjar y los médicos cristianos don Alonso Cabeza de Vaca, don Sancho Pérez de Guzmán, don Juan Sánchez de Bustamante y don Juan López de Villanueva del resto de la ciudad. Los cirujanos Pero Gutierre y Diego Velázquez ayudarán a los médicos cristianos en cuando sea necesario, que se le requerirá a don Juan Sánchez de Bustamante que coordinará a este equipo. En cuanto al cirujano Samuel ben Manasseh, ayudará a Ramzy Jamil Ala o a mí según se le requiera. Alonso de Guzmán y Antonio de Céspedes estarán en las tareas auxiliares, de recuento de enfermos y muertos, así como de las necesidades que haya en cada una de las zonas de la ciudad. Se reunirán con cada uno de los médicos, a una hora y lugar convenido cada día y reportaran toda la información antes de la puesta de sol al alguacil Luis Gómez de Zúñiga, aquí en este mismo lugar. ¡Alguacil! Haga saber al Primer alcalde que mañana a una hora después del alba nos reuniremos aquí con él y con dos boticarios.-Así lo haré Moshé Asher.-Insisto, en que el tratamiento será sólo y exclusivamente té de Damasco, en la cantidad que el enfermo admita. ¿Alguien quiere decir algo?-¿Quién se encargará del suministro del tratamiento y de la retirada de cadáveres, si los hubiese? -preguntó Ramzy Jamil.-Los dos ayudantes, Alonso y Antonio, estarán en contacto con el alguacil para requerir del Concejo todo lo que haga falta.-¿Cuándo nos volveremos a reunir? -preguntó don Juan Sánchez de Bustamante.-Todos y cada uno de los días, una hora después del alba, aquí mismo.-¿De qué de debemos informar cada día? -preguntó Sancho Pérez de Guzmán.-Del número de enfermos, nombre, edad, donde viven, muertos con la misma información que en los enfermos y necesidades que haya. -¿Alguna pregunta más?      -¡No! Se oyó al unísono.-Pues bien a trabajar cada uno en su puesto y hasta mañana.En los cinco días siguientes se contabilizaron un total de ciento veinte casos más, repartidos por igual en todos los barrios de la ciudad, tanto judíos o mudéjares como cristianos. De entre ellos, se produjeron veinte muertes, pero la buena noticia era que hacía ya dos días que no se había que lamentar ninguna defunción.El 19 de septiembre, en la reunión diaria de primera hora de la mañana, en la sala del Concejo, reinaba una euforia que no podía disimularse. Todos y cada uno de los responsables médicos dieron sus datos y ¡era increíble!, pero no menos veraz era que en dos días y ya iba para tres no había muerto nadie. Cierto es que aún aparecían nuevos enfermos, pero ya no moría nadie.     IVAunque no pueda creerse, el último en llegar fue Asher y no es porque se demorase. Lo hizo a la misma hora de todos y cada uno de los días que duraba la crisis. Ocurrió

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