lunes, 13 de julio de 2015

Vida efímera

                   VIDA EFÍMERA

—¿Qué haces? —le preguntó el sapo a una libélula que se mantenía suspendida  justo encima de su cabeza, sobre las cristalinas aguas de la charca en la que el batracio vivía.  «Solo vivo» —le contestó el insecto. 
—¿Solo vives? Yo también, pero algo más harás, ¿no? 
—No, solo eso. No tengo tiempo para hacer otra cosa. 
—¿Qué quieres decir con eso? 
—Que mi vida es tan efímera que si en un instante dejo de pensar que solo vivo, me perderé ese tiempo precioso de vida. 
—Y, ¿no comes? 
—No, prácticamente no, vivo tan poco, que casi no necesito comer. 
—Pero, supongo que para mover tus alas a esa velocidad, tendrás que coordinar bien tus músculos y, eso es difícil, deberás pensar en cómo hacerlo antes de ejecutar cada movimiento… 
—No, es todo automático, la naturaleza lo ha hecho así, para que las libélulas solo nos dediquemos a vivir. 

Y, dicho esto, la libélula, justo antes de salir disparada como un cohete, le dijo a la rana: «Adiós rana, no puedo seguir hablando contigo, he de conocer a más gente, de otra manera no podré alcanzar la sabiduría».

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