domingo, 3 de noviembre de 2013

El avión

Habían concluido la maniobra de  despegue y el avión ya había conseguido la horizontalidad, cuando una luminosidad casi irreal inundó todo el interior de la cabina. El reflejo dorado del albatros de interminables alas, que lucía en la solapa de aquella bonita azafata,  le cegó por un momento, justo el tiempo que transcurrió entre el grito rasgado de varios pasajeros, y la irrupción por babor, de la muerte disfrazada de siniestra aeronave. La nada absoluta dio paso a la luz completa y eterna del polvo que regresa a su estrella. 

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