Pueblo de un solo niño.
La escuela un ingenio cibernético apenas.
Una pared por compañera de juegos,
y su único amigo un perro.
Su padre, más que de él, de las ovejas.
Su madre, también la de todos los que allí aún respiran...
alcaldesa, maestra, tendera, y hasta sanadora de cuerpos.
Además de ellos, dos ancianos y un cementerio.
Tierras otrora de bravos campesinos.
De pastores, herreros, soldados y frailes.
Corazón de un país, cuna de una lengua universal y de un imperio.
Hoy cementerio olvidado y casa de solo un niño.
Se acaba la vida en aquella tierra.
Ya se muere la otrora señorial villa...
El olvido se lleva hasta el recuerdo de los muertos.
Y nadie sabrá que un día allí alguien moró...
Gentes que nacieron, amaron, vivieron y un día cualquiera allí murieron.
Solo es un mísero pueblo.
De una comarca olvidada.
De una tierra baldía.
Sin orgullo, sin bandera, sin nadie que ya por ella sienta pena.
Ya se murieron los viejos... se marchó la mujer...
...y con ella se llevó al niño.
Eso ocurrió en primavera, cuando un motor rugió tras el alba...
Y una vieja camioneta apareció por la vieja carretera...
... bajaron dos hombres...
...y subieron las ovejas
Tras ellas el único hombre del pueblo.
Ella lo vio marcharse, y cómo en la cuneta había dejado al perro.
Con el alma rota cogió de la mano a su hijo...,
y atado de una cuerda: al perro.
...tomaron la carretera y desaparecieron en lontananza.
Allí quedaron los ancianos en su mísera casa...
...ya más que morada, era un adosado del cementerio...
Y no quedó nada, solo un pobre juglar que a sus muertos les cantará una nana.
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