En el cielo ni estrellas ni Luna.
En el suelo solo la tierra baldía.
En la mente mil pensamientos gastados.
Y una sola pena en el alma.
Frente a él siete bocas de dragón.
Tras ellas solo muñecos de trapo.
Junto a él nueve cadáveres aplazados.
Sobre ellos solo la sinrazón y la inquina.
¡Ya escupen fuego los monstruos de acero!
¡Ya el plomo les arranca las entrañas!
No sabe por qué lo matan.
Solo que ya no verá el alba.
A su hijo ya no le cantará ninguna nana.
Ni besará a Jimena sus labios.
Nadie dirá que lo mató una bala, pues antes, la pena le segó el alma.
Muy bueno
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