martes, 29 de septiembre de 2015

Miguel

En el cielo ni estrellas ni Luna.

En el suelo solo la tierra baldía.

En la mente mil pensamientos gastados.

Y una sola pena en el alma.

Frente a él siete bocas de dragón.

Tras ellas solo muñecos de trapo.

Junto a él nueve cadáveres aplazados.

Sobre ellos solo la sinrazón y la inquina.

¡Ya escupen fuego los monstruos de acero!

¡Ya el plomo les arranca las entrañas!

No sabe por qué lo matan.

Solo que ya no verá el alba.

A su hijo ya no le cantará ninguna nana.

Ni besará a Jimena sus labios. 

Nadie dirá que lo mató una bala, pues antes, la pena le segó el alma.

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