¡Soy escritor! Gritaba aquel orate mientras pateaba las hojas caidas de los tilos que adornaban el camino que bajaba de la montaña del olvido. Nadie hizo caso a sus gritos desgarrados por la angustia de la negación de la esencia de su ser. Para él su razón de vivir era ser escritor. Pero nunca nadie lo escuchó, solo el viento que llevaba sus desgarrados gritos reivindicativos. Y aunque cualquiera hubiera pensado que solo eso no podría bastarle, todos se habrían equivocado; pues una fría mañana de otoño, mientras Hans el orate seguía la hilera de tilos más allá de donde la montaña se transformaba en mágica, una suave brisa le acarició el rostro y justo en su oído le susurró: "No te preocupes por lo que piensen los humanos de ti, tampoco creen que yo sea pintor y dibujo escaleras de caracol en la arena y las hago subir hasta el cielo. Tú serás escritor porque yo captaré tus ideas y las llevaré con mis soplidos susurrándolas en los oídos de las gentes, sin que siquiera reparen en ello. Y, ¿sabes?, a partir de ahora tú me sugerirás historias y yo las subiré en mis escaleras hasta el infinito. Y allí están los grandes escritores que en el mundo han sido, y ellos te apreciarán, porque todos harían eso por mí, cualquier cosa por quien tanto los ha inspirado.
Recuerda que yo soy el viento y tú mi amigo.
Dedicado al escultor Martín Chirino
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