Un billete de tercera en un tren fantasma que desde hace ya tiempo solo al norte viaja.
Como equipaje una desvencijada maleta de cartón y chapa, y en su interior, restos de una olvidada matanza.
Y la tristeza agarrada como una lapa a su garganta.
Ya solo quedan atrás ancianos que moran en semiderruidas casas.
Restos de su aldea. Memoria sombría de una mísera infancia.
Por delante promesas de futuro, de supervivencia, en paraísos de hierro, carbón y fuego.
Una mirada hacia atrás y desde un alto se despide de su casa.
Nido de alacranes, tierra baldía, sedienta de sangre y de agua.
De tumbas vacías, ansiosas de ser alimentadas con lo que allí aún resta de vidas humanas.
Y, cuando por vez postrera, contempla la patria de sus ancestros, ve una imagen deslustrada, justo, la que captan unos ojos cubiertos de amargas lágrimas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario